La Fuerza de Voluntad y las recompensas

Reward

En un artículo anterior hacíamos referencia a cómo la motivación está sobrevalorada, y que lo importante es crear un hábito.

También de la importancia de disfrutar del proceso.

Cierto. Sin embargo estas son técnicas que no son del todo naturales a nuestra mente. No siempre somos capaces de acordarnos de aplicar estos principios. Tarde o temprano acabaremos cayendo en la procrastinación o el tedio y no viene mal conocer una o dos técnicas de aplicación rápida e inmediata que nos saquen de ahí rápidamente.

La fuerza de voluntad

Hay una bien sencilla: Emplear la fuerza de voluntad. Da igual que estemos o no disfrutando. Da igual que las condiciones sean o no las ideales. Siempre podemos obligarnos a nosotros mismos a hacer lo que hay que hacer. Por simple obstinación.

El empleo de la fuerza de voluntad no es una técnica muy sofisticada, pero funciona. El problema es que es algo de lo que no podemos abusar. Si estamos contínuamente forzándonos a hacer algo, el mensaje que le mandamos una y otra vez a nuestro subconsciente es que esa tarea es desagradable. A la larga, eso es ponernos palos en

Fuerza de voluntad

las ruedas. Además, usar la fuerza de voluntad cansa mental y emocionalmente. Es bueno ejercerla, porque así la vamos fortaleciendo, pero si abusamos de ella vamos a acabar agotados.

La modificación del entorno

Existe un uso inteligente de la fuerza de voluntad: En lugar de ejercerla para realizar determinada acción una y otra vez, podemos utilizarla para modificar nuestro entorno de forma que nos facilite la realización de esa tarea. Incluso de forma automática.

Por ejemplo: Si queremos dejar de comer dulces, pero es algo que nos cuesta, resistir la tentación una y otra vez nos va a costar mucho. Por el contrario, deshacernos de los dulces que acumulemos en casa y procurar hacer la compra sin hambre y, en todo caso, utilizar la fuerza de voluntad sólo en el momento de hacer la compra nos servirá para crear un entorno con muchas más probabilidades de tener éxito. Si no tenemos dulces en casa, se acabó el dilema de si preferimos picar o resistir la tentación.

Pongamos que tenemos que realizar una tarea que requiere una alta concentración, como escribir un documento o estudiar una lección. Supongamos también que somos adictos a estar continuamente navegando por Internet o consultando las redes sociales. Entonces, para nosotros, resistir la tentación de dejarnos llevar por estas distracciones va a suponer un serio esfuerzo. Es más inteligente realizar un acto más contundente que cree un ambiente propicio para la concentración. Cal Newport recomienda directamente borrar nuestras cuentas sociales. Sin necesidad de ser tan drástico, podemos utilizar una aplicación de las que bloquean las conexiones o directamente apagar el router.

El caso es utilizar la fuerza de voluntad, sí, pero no de forma continua, sino para crear un entorno propicio.

Las recompensas

Y otra manera bastante útil de lanzarnos a la acción es tener un sistema de recompensas. Tanto para las tareas a corto plazo como para los objetivos más grandes. Por ejemplo:

  • Si termino un determinado número de páginas de mi libro me permito ver un capítulo de mi serie favorita
  • Si consigo completar un entrenamiento intenso, me podré tomar esa deseada cerveza fría
  • Un caso real: Cuando consiga ciertos objetivos con la guitarra, me regalaré un divertido Ukelele.

El uso de la fuerza de voluntad y de un sistema de recompensas, en mi opinión, no son técnicas tan óptimas como el desarrollo de buenos hábitos o el aprender a disfrutar del proceso, pero son sencillas y de aplicación inmediata. Al final, cualquier recurso es bueno si nos ayuda a mantenernos en el camino que hemos elegido.

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