La importancia de la memoria (y alguno de sus secretos)

Memoria

La denostada capacidad de memorización

La memorización. La base de un Sistema Educativo obsoleto, basado en que los alumnos aprendan a recitar párrafos de forma literal como si fuesen papagayos. Sin esforzarse por comprender los conceptos y olvidando la mayor parte del contenido a los pocos días.

Cambiémoslo todo. La memoria ya no es necesaria. La tecnología nos proporciona una capacidad de almacenamiento casi infinito. Centrémonos en la resolución de problemas. En el desarrollo de proyectos. En potenciar la capacidad de razonamiento. Para ello sin duda debemos liberarnos del esfuerzo y el tiempo que se dedica a la memorización y dedicar estos recursos a tareas más importantes, ¿cierto?.

Poniendo en valor el uso de la memoria

Bueno, hay parte de razón en esto, si pensamos en la memoria como un mero almacén de datos. Lo que ocurre es que otras capacidades sin duda tremendamente valiosas como la comprensión, el razonamiento o la creatividad han de operar sobre “algo”. Sobre una base de conocimientos estructurados que, como alumnos, hayamos previamente interiorizado. Es decir, la memoria no como mero archivo sino como armazón de una estructura mental que nos permita aprender más y mejor. De hecho, para llegar a comprender nuevos conceptos de naturaleza compleja es necesario primero familiarizarse con ellos. Hacerlos formar parte de nosotros mismos y, para esto, la herramienta principal es la memorización.

La memoria, pues, está en la base del aprendizaje efectivo. No lo es todo, ni mucho menos, pero si falla la base, todo el edificio se desmorona.

Las claves de la memorización

Sherlock

Memorizar es duro, difícil. Consiste en leer un texto una y otra vez y repetírnoslo a nosotros mismos hasta que nos lo sepamos, confiando en que al día siguiente y, especialmente el día del examen, el recuerdo no se haya borrado.

Pues no, no es así. Lo cierto es que si lo realizamos de cierta manera, memorizar es relativamente sencillo y hasta divertido. No es que no requiera esfuerzo. Lo requiere, y cuanto más intenso mejor. Pero no es necesariamente una actividad que tenga por qué consumirnos una enorme cantidad de tiempo.

Lo que hay que entender es que la memoria reside principalmente en nuestro subconsciente. No podemos decidir que queremos recordar algo y automáticamente recordarlo.

Hay cosas que recordamos fácilmente. Por ejemplo, todo aquel/aquella que haya sido padre recordará perfectamente la primera vez que tomó a su bebé en brazos. Probablemente recuerde muchos detalles de la escena como cuántas personas había en la habitación, y quizá hasta qué ropa llevaba, qué comió ese día, o a qué hora se levantó.

Lo mismo para todo aquel que haya sufrido un accidente y, en general, cualquier experiencia que haya supuesto una experiencia intensa (el día de la boda o de la graduación) o también situaciones que se salgan de lo común (recordamos mejor las cosas cuando estamos de viaje que en nuestra rutina diaria).

Es como funciona nuestra mente y tiene que ver con la manera con la que aprendían nuestros antepasados (y en general, los animales superiores) para poder maximizar sus posibilidades de supervivencia.

El caso es que nuestra memoria recuerda fácilmente aquello que le emociona o le resulta extravagante. La parte buena es que los humanos, además de esta facultad, tenemos algunas funciones mentales superiores que nos permiten ‘hackear’ nuestro subconsciente para recordar más y mejor. Es el caso de la capacidad de visualización.

Vamos a hacer un experimento. Dedica un par de minutos a tratar de recordar la siguiente lista de palabras:

jirafa – lapicero – tomate – taza – ventana – árbol – avión – buhardilla – manzana – libro – brocha – grifo – bicicleta – cubo – puerta – arena – chocolate – sol – catapulta – guitarra

Veinte palabras en total. Ahora, sin mirar a la pantalla trata de escribir en un papel aquellas que recuerdes. ¿qué tal ha ido?

Vamos a realizar un segundo intento. Pero esta vez utilizando otra técnica. Sólo tienes que acordarte de la primera palabra: Jirafa. Fácil, ¿verdad?. Pero ahora quiero que imagines en tu cabeza una situación inverosímil que relacione esa primera palabra con la siguiente (lapicero). Por ejemplo: yo imaginaría una jirafa que por más que estirase el cuello no alcanza a las hojas demasiado altas de un árbol así que, ni corta ni perezosa coge un lapicero y ella misma dibuja las hojas que necesita. Trata de imaginar la escena lo más nítida y detalladamente que puedas. Alguien entrenado realizará el proceso entero en unos segundos. Las primeras veces, sin embargo, costará algo más. Ahora habría que hacer lo propio para enlazar ‘lapicero‘ con ‘tomate‘ y así hasta tener la secuencia completa.

Si lo has hecho bien, ahora bastará evocar la imagen de cada palabra para que automáticamente venga a la mente la siguiente.

Pues bien, esta técnica de las asociaciones inverosímiles es la base de la mnemotecnia. Aunque se puede sofisticar mucho más para recordar números, listas, temarios enteros… La verdad es que hay bastante bibliografía al respecto. Éstos son algunos ejemplos de recursos

Qué hacer para no olvidar lo aprendido

Pues eso, que memorizar es más sencillo de lo que pensábamos, si usas la técnica adecuada. Pero la memorización es sólo el primer paso. Lo realmente importante es asentar la información memorizada realizando repasos y tests sobre el contenido memorizado. En el blog ya tratamos este tema al hablar de la repetición espaciada y los ciclos de la memoria.

En resumen, la denostada memoria tiene un papel fundamental en el aprendizaje. Desde luego no lo es todo. Quizá ni siquiera sea lo más importante, pero es la base sobre la que se sustenta todo lo demás. Te animo a ejercitarla utilizando estas técnicas.

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