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Sobre el desarrollo de Software – I

Voy a escribir un poco sobre lo que es mi profesión y lo que he aprendido de ella en los 20 años que lleva dándome de comer.

Realmente mi historia como desarrollador de Software empieza bastante antes. No puedo decir las fechas exactamente, porque no lo recuerdo, pero fue a mediados-finales de los años 80 del pasado siglo (joer, que viejo es uno ya) y seguramente antes de cumplir mis primeros 10 años de vida.

Conseguí convencer a mis padres de que comprasen un Schneider CPC-464, versión alemana del mítico Armstrad CPC-464. Recuerdo también que lo conseguimos a través de una oferta que vimos en el Alcampo del centro comercial ‘La Vaguada’ de Madrid. Creo recordar también que costaba 25.000 pesetas. De lo que no me acuerdo es del año exacto ni de mi edad. La memoria tiene un funcionamiento curioso.

El caso es que allí estaba yo, con mi flamante máquina de 64Kb de memoria RAM con monitor de fósforo verde. ¡Ya podía jugar videojuegos en casa! Eso sí, tenía que esperar un buen rato a que se cargasen desde la cinta de casette.

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Vida inmóvil

Una de las cosas que siempre me ha maravillado de los buenos dibujantes, es su capacidad de plasmar la ‘vida inmóvil’ (‘still life’ en inglés). Es decir, de plasmar un fragmento de realidad, tal como el ojo la percibe, directamente sobre el lienzo o papel. De dibujar directamente lo que el ojo ve, vaya.

Sobre todo porque es algo que yo siempre me he visto incapaz de hacer. Sin embargo, ahora ya me he lanzado. Me queda mucho y no tengo grandes dotes, pero practicando se mejora. Aquí pongo algunos de mis primeros dibujitos (ojo, no todo es directamente copiado de la realidad. También valen fotos).

Una composición casera

Una composición casera

¿Quién acabará sentado en el trono de hierro?

El Louvre tras la lluvia (reflejos en el suelo mojado)

Más dibujitos

Sigo aprendiendo a dibujar. Desde 0. O mejor, dicho, desde -10.

Unos truquillos que he ido aprendiendo son:

  • Que las cosas tienen luces y sombras, y que además eso sigue una lógica. Además, maneras simples de crear sensación de profundidad. Cosas tan tontas como que los objetos de delante tapan a los de detrás o que los objetos más alejados se ven más pequeños.

  • Más formas de crear profundidad: Dibujar los objetos en primer plano con un tono más oscuro y más detalle que los alejados (no tengo a mano una foto mientras escribo, pero palabrita que he practicado esto. Con un paisaje).
  • Formas más complejas de crear la sensación de profundidad: Perspectiva. Por ejemplo, con un punto de perspectiva:

  • O un poquito más complicado: Dos puntos de perspectiva. Y aprender a calcular la sombra que proyectan los objetos dibujados así:

  • Y usar estas técnicas en dibujos ‘más o menos’ realistas

  • Incluso tres puntos de perspectiva. Una técnica interesante que se utiliza para ‘deformar’ objetos de una forma exagerada y muy interesante, por ejemplo para usar en comic. Igual que en un punto anterior, lamento no tener una foto de esto a mano en este momento.

Así que seguimos aprendiendo.

Una de tomatitos

A finales de los años 80, Francesco Cirillo era un estudiante universitario.

Él cuenta que una vez que pasó la excitación inicial del primer año, cayó en un bache. Se vino abajo y se encontró sumido en un periodo de baja productividad y alta confusión. Después de asistir a clase y al ponerse a estudiar se encontraba con la sensación de no saber exactamente qué estaba haciendo. De que estaba malgastando el tiempo.

Haciendo un ejercicio de investigación e introspección y fijándose en lo que hacían sus compañeros vio claramente que el gran número de interrupciones y distracciones a las que se veía sometido y su bajo nivel de concentración y motivación se encontraban en la raíz del problema.

Así que hizo consigo mismo una apuesta: ¿Eres capaz de estudiar, realmente estudiar sin distracciones y con un alto nivel de concentración durante sólo 10 minutos?. Para realizar esa apuesta necesitaba un cronómetro, para medir el tiempo, y el que encontró a mano fue un temporizador de cocina con forma de tomate. La palabra italiana para ‘tomate’ es ‘pomodoro’ y, sea todo esto cierto o esté adornado con un poco de dramatismo, el caso es que Cirillo desarrolló la técnica del Pomodoro, que como la propia Barbara Oakley señala en su obra, resulta bastante útil cuando estamos tratando de adquirir nuevo conocimiento.

La técnica básicamente consiste en dividir el tiempo de estudio en fragmentos limitados de tiempo (típicamente 25 minutos, pero esto es algo variable) en los que se intenta minimizar toda distracción externa e interna a la vez que se maximiza la concentración e intensidad dedicada a la tarea. Una vez terminado este periodo, se debe tomar obligatoriamente un pequeño descanso antes de acometer el siguiente ‘Pomodoro’. Tras varias iteraciones de este ciclo, uno puede tomarse un descanso más largo.

La idea es que ponerse a estudiar de forma intensa y concentrada puede resultar a veces demasiado amenazador, pero hacerlo por un periodo corto de tiempo no lo es tanto. Por el contrario, suele resultar motivador y estimulante. El propósito que busca Cirillo con esta técnica es proporcionar una heramienta y un proceso sencillos para mejorar la productividad consiguiendo:

  • Aliviar la ansiedad asociada a comenzar
  • Mejorar el foco y la concentración eliminando las interrupciones
  • Incrementar la conciencia de tus decisiones
  • Aumentar la motivación y mantenerla constante
  • Apoyar la determinación para conseguir tus objetivos
  • Refinar el proceso de estimación, tanto en términos cualitativos como cuantitativos
  • Mejorar el proceso de estudio o trabajo
  • Fortalecer la determinación para mantener el hábito en situaciones complejas.

En su página web y en su libro se puede encontrar más información al respecto.

En cualquier caso, esta técnica se corresponde bastante bien con la utilización de los métodos ‘enfocado’ y ‘difuso’ de aprendizaje, que es uno de los consejos de aprendizaje más efectivos.

Yo lo he aplicado no sólo para aprender, sino como técnica de productividad en el trabajo y en mi caso puedo decir que me ha servido para conseguir objetivos de estudio y trabajo de forma más efectiva y además con una menor percepción de esfuerzo. Lo recomiendo.

Entonces, ¿qué? ¿unos tomatitos?

¿Quién me lo iba a decir?

Siempre he sido buen estudiante. Sacaba buenas notas con poco esfuerzo porque, en general, se me daba bien aprender, y me gustaba.

Había excepciones. En las artes plásticas siempre he sido un desastre. En las artes plásticas en general y en el dibujo en particular. Era realmente horrible.

Esa es una buena excusa para aprender. Estoy empezando, pero bueno, poco a poco.

Lo bueno, lo malo y lo regular

Actualización de estado y nuevos aprendizajes.

En cuanto a mi estado, digamos que no hemos avanzado mucho desde la última publicación, lo que no significa que no hallamos avanzado nada.

He estado haciendo rehabilitación, 10 sesiones, sin resultados positivos sobre el dolor. Casi que al revés.

He visitado al médico y me ha dicho que, de momento, siga haciendo rehabilitación y tome analgésicos para el control del dolor. Si no mejoro habrá que estudiar métodos más invasivos. Los analgésicos no me funcionan. En cuanto al ejercicio físico, me puso mala cara al proponerle hacer natación. Dice que no es muy bueno para el cuello, pero para mí ahora mismo es el ejercicio con el que menos dolor siento. Al final, parece que si tengo buena técnica y hago mucha espalda, tengo el visto bueno. También puedo hacer bicicleta estática. El yoga le parecía perfecto, pero lo he tenido que dejar porque ahí sí que sentía bastante dolor. En especial en las posturas más estáticas como los ejercicios de respiración. Y el tramadol no hace nada por paliarlo.

Hace un par de semanas viajé para conocer a mi precioso nuevo sobrino Gabriel. En ese viaje dí un paseo por el parque y acabé con un dolor intensísimo. Desde entonces la ansiedad ha subido y evito un montón de actividades, por miedo al dolor.

Me han hecho un electromiograma en el brazo izquierdo y parece que no hay afectación neurológica importante. Eso es bueno, pero hace más difícil localizar con precisión la raíz nerviosa afectada. El neurólogo también me sugiere rehabilitación.

He empezado una nueva rehabilitación, un poco a la desesperada. Descompresión vertebral junto con otras cosas como magnetoterapia. Son 20 sesiones y llevo 5. A veces tengo indicios de que estoy mejorando, pero no quiero echar las campanas al vuelo.

En cuanto a la ansiedad, ya comenté que sigue alta. Creía que la estaba controlando, y que estaba durmiendo mejor. Empecé a reducir un poco las pastillas para dormir, pero no… sigo muy nervioso. Sobre todo por las mañanas. El médico me ha dicho que es bueno dejar las benzodiacepinas, pero que mejor espere a encontrarme más estable. Me ha cambiado otro tipo de medicación que estoy tomando porque en su opinión la que tomaba no era muy efectiva. La tomaba porque me habían dicho que podía ayudar con el dolor, pero no.

Ya digo que no todo es malo. Parece (o quiero creer) que siento menos dolor y necesito acabar con la evitación de actividades. Estoy empezando a emplear las técnicas de las que habla Jane McGonigal en su libro SuperBetter (Aplicar técnicas de gamificación a las dificultades de la vida). Parece que a mucha gente le ha ido bien con este tipo de cosas y al menos creo que me servirá para no convertirme en una seta pasiva, sino continuar activo a pesar de todo.

Hay una pega más, y es que el rehabilitador de ahora me ha prohibido de momento hacer ejercicio, mientras esté con el tema de la descompresión y el ejercicio me ayudaba algo con la ansiedad.

Bueno, el caso es que seguimos en la lucha, esta vez con la ayuda de Jane McGonigal.

Un abrazote.